domingo, 6 de agosto de 2017

Raíces de cristal



Desplegaba su absurdo equipaje
en la canícula de las horas que anticipan
relámpagos.
Ataviado de orgullo,
vapuleaba la espera, incendiaba los ritos.
Descarrilaban en sus labios
las palomas.

Ellos no comprendieron jamás
la rebelión, el grito absurdo, la redención
de los leprosos.

Y la botella de la decepción esparció en el silencio
su líquido lamento
 al ignorar el invisible tacto, la densidad exacta
de la herida.

Ahora
que hemos podido mirar cara a cara a los lobos
del abismo,
creemos que es posible reparar raíces de cristal,
que es posible talar uno a uno los siniestros árboles
del bosque que nos condenó
a desconocernos.




sábado, 15 de julio de 2017

Balada blanca



Perdonad este trance de nadie, este silencio
quebradizo
que me pronuncia en humedales
de quimera;
esta balada blanca
que sutura las melladas hebras de mi voz
limpiando la memoria
de esqueletos.

No temáis, no me impulsa su música
a morder la boca
del olvido
ni el deseo de triturar
dígitos de fuego
ni la culpa, ni el miedo de morir
en la radical infancia
de los Nombres.

Simplemente supuro ausencia
como el vacuo ojo de un pez
que desconoce aún el tacto afilado
de unos dientes
en su carne.

Nado a contracoriente
de la memoria suicida;
a los días que silencian la voz
de las saetas,
a los tiempos primeros en que desconocíamos
el dolor que profieren
sus agujas.








domingo, 25 de junio de 2017

Jairiel frente al ángel oscuro


”Estoy dispuesto a todo
por gozarte”
-pensó Jairiel-
aunque
era el tercero esa tarde en ponerse a la cola
de un sueño.
El sol golpeaba con puño de fuego
las calles.
Jairiel,
ataviado con fino traje de soberbia,
alzó la mirada
ante su deslumbrante diosa,
la miró fieramente a los ojos.
Ella le devolvió una luz arrebatadora,
febril,
contoneó su cuerpo de ninfa, dejó entrever
unas piernas de escándalo y retó con sus carnosos labios
a los sufridos y ansiosos amantes.
”Estoy dispuesto a todo por ti”- gritó Jairiel-;
sacó de su bolsillo izquierdo
un puñal de infamias,
y atacó a su descuidado rival
por la espalda.
Almidonó su ira con níveas metáforas,
y no sé qué enfangadas razones patrias
que justifican toda subversión, toda
traición a los historia.
Pero quedaba otro adversario, más sagaz,
más astuto que él;
tuvo que silenciarlo, recurriendo al chantaje
y al oprobio.

Por fin pudo quedar Jairiel a solas frente a ella.
“Eres quien necesitó -musitó su ígnea diosa-
puesto que a todo estás dispuesto por mí;
muerde los sinuosos racimos de mis pechos,
adéntrate en el túnel que se descubre ante ti,
arde en el cáncer de mi desmedida voluntad.
Tengo al mundo
comiendo de mi mano, amoldo a mi antojo
los destinos
de los hombres; el tuyo me pertenece también.
Ven, amor, danza
al ritmo del rayo de mi carne
inmortal.
Regálame un látigo de represión, amante mío,
que pueda silenciar lo que desprecio;
follarme todo principio, disolver en el ácido
de mi saliva
cualquier dedo acusador.

Y Jairiel se sintió poderoso, implacable,
por un brevísimo latido de tiempo.
Hasta que un día
alguien le apuñaló
(por amor)
y a traición;
alguien
arrastrado por una corriente
salvaje,
por un sueño voraz y caníbal
que sabía a sacrificio, a sudor y a lágrimas
ajenas.



sábado, 27 de mayo de 2017

La mujer nenúfar



Si la vieras:
tiene tu voz de páramo,
idéntica simiente gris
en la mirada,
el mismo gesto herido
de gacela.
Muchos más pájaros, menos pozos
que yo.
más relámpagos, menos niebla,
más infancia en las manos.

Si la vieras, madre,
rozar con su piel el jazz
de los pronombres,
florecer vivaz en lechos
de agua,
mordisquear un pan de olvidos
palpando a tientas el belfo
amarillo
de la muerte, besándolo sin piedad,
domesticando el grito...


Hay algo tuyo en la mujer-nenúfar:
una hilera
de rebelde tristeza;
corpúsculos de huidizos ayeres;
grisazul infinito
enredado en el ramal de la sangre,
sal de ausencias
que se tornan memoria
al mirarme.

lunes, 1 de mayo de 2017

Jaque Mate


La aguja del reloj hiere el silencio.
Es la hora -se dice-
de truncar lentamente la calma
e invertir el flujo de la sangre
al presente.
El peón se levanta, 
un pálido temblor se amotina 
en sus gestos.

El alfil negro le bloquea
los sueños:
la reina
zizzaguea al andar, simula no encontrarle;
al fin azuza el fuego de sus pies
derrotados,
le seduce con su falsa blancura.

“Sube a la negra torre del sacrificio”
“Sálvanos con tu muerte”.

Ella y su regia cohorte
de aduladores cuervos;
ella y sus caballos
de ira,
sabrán dar buena cuenta de tu sangre
cautiva, domarán las manos con que amasas
el pan
que alimenta su ambición
desmedida.

Jaque mate:
ahora estás sometido por mi yugo.
Eres Nadie.
Soy la diosa del Caos, el Poder,
la Ambición
que te aplastan.






lunes, 24 de abril de 2017

De carne y sueños


Desfilaban
uno tras otro,
sin permiso,
sin tregua:
dulces, etéreos, cómplices,
azul-lamento algunos;
electrizantes, boreales,
audaces,
vertebradores de luz los más;
los menos, embriagados
de arsénico.

Todos ellos te amaban,
arrojaban a tus pies sus temores,
se atrincheraban tras la cálida sombra
de algún gesto tuyo,
alquimistas fugaces de mi exilio
perpetuándose
en un crisol de futuras ausencias.

Hoy reclamo sus melíferos huesos
vengo a sus tumbas con flores
antiguas,
evocando mi patria perdida,
destejiendo latidos, pronombres,
risas y llantos, condenas y gozos.
Eran de carne y sueños los días;
fueron niños
creciendo en mi seno.
Sucumbieron muy pronto a la muerte,
al hachazo
 de un tiempo metálico.

domingo, 16 de abril de 2017

Arena



Jugaba con arena,
modelaba
la tarde entre sus manos:
ahora una flor, un pájaro,
un paisaje,
algún velero,
bebidos de repente
por las olas.

Un misterio le salía al encuentro
en cada punto cardinal
del día.
Aleteaban sus brazos
bajo un cielo ligero
para luego buscar
el seguro puerto
de su mano.

Jugó con ella el tiempo
(el tiempo y ella, frágiles ambos,
ambos hechos de arena
y espejismos)
la modeló con tijeras de sombra;
le inventó un mar secreto
donde albergar las reliquias
de su infancia.
Allí naufragaba, allí nacía
de nuevo al mundo,
rebuscando en sus fondos amarillos:
una brújula, un sueño
carcomido, un ayer  no devorado todavía o,
simplemente,
la silueta pura, perfecta,
del amor.